The Wolf Of Wall Street

Babilonia cayó y pagó las consecuencias…sólo en la biblia. Porque el modelo babélico financiero de Wall Street nunca muere, sólo se estremecen sus cimientos… Y cambia de piel. Los individuos que manejan esta poderosa burbuja, este complejo mundo de fórmulas incomprensibles, de palabras huecas, y de engaño sobre engaño, no pueden tener una vida ordinaria. No son individuos del 8 a 5. Son depredadores. Así los retrata el genio newyorquino de Martin Scorsese, con trepidancia, con humor corrosivo, y épica. A sus 71 años demuestra ser más joven que el más joven. Eso si, sin renunciar a su estilo, ni a sus peculiares “héroes”: individuos tan amados como odiados, tan humanos como irracionales. Y la violencia, la dualidad entre la moral y pragmatismo, siempre presente en sus joyas cinematográficas ( Y esta sin duda es una de ellas).

Leonardo Di Caprio brilla como nunca: combina su porte de estrella con mutaciones, catarsis interminables del Jordan Belfort que interpreta. Desde el carismático manipulador evangelista de Wall Street, hasta la “literal” serpiente yonqui en que  desemboca.- véanla, porque esa secuencia inolvidable no se puede contar-

Y como siempre, en toda película de timadores financieros que se respete, tal como lo implantase Alec Baldwin con su brillante y desalmado Blake de Glengarry Glenross, existe un siniestro mentor, que generalmente, y en breves momentos, se roba el filme. Ese honor recae esta vez en un Mathew Mcconaughey chamanístico. Hay que reconocer que el tejano hace rato ha dado el salto de calidad. De estrella pomposa, nada queda.

La edición de Thelma Schoonmaker es en gran medida responsable de que por espacio de tres horas, precisamente no las tomemos en cuenta. Dinamismo y  coralidad es su consigna. Editora forajida y prodigiosa.

Rodrigo Prieto fotografía full color, con barroquismo, unos 80′s- 90′s excesivos y kitsch por demás.

Volvió  Marty. Volvió el torbellino de irreverencia y crítica al Estados Unidos de sus amores. Volverán los reconocimientos ahora que lo hemos recuperado del “transe”?

Calificación: 5/5

Por: Edwin Cruz