La Grande Bellezza

Buscar la musa es una acción inútil, ya que nunca la encuentras. Ella sola entra a los umbrales de tu percepción.  Por eso, el proceso de ‘creación’ publicitaria, es sencillamente un ejercicio abortivo de buscarla. Porque ella no es manufactura.

Según Paolo Sorrentino, la musa en Roma se fue hace tiempo. La ciudad está vacía. El cinismo reina. Las esferas políticas, sociales y religiosas sólo subsisten espiritualmente haciendo el culto a la personalidad.

Y aprovechando este cuadro ampliamente depresivo, el director transalpino concibe visualmente con belleza esplendorosa la decadencia:  turistas y ciudadanos que sólo admiran el preciosismo  arquitectónico legendario. Se quedan maravillados al apreciar todo lo que ha sido Roma. Más nunca, lo que es hoy en día. Nada.

Los actores van de la mano de un Toni Servillo cruel y nostálgico, cansado del ritmo castrante y agotador de la clase alta en una gran metrópolis. Los otros están sencillamente subyugados a nuestro ‘Héroe’.

‘La Grande Bellezza’ es un compendio de lo mejor del cine italiano: recuerda en multiplicidad de ocasiones a Fellini, y en muchas otras al rey de la simetría Antonioni. Es un llamado de atención- desde el homenaje- a una Roma bella. Pero moribunda. Sin alma. Sorrentino convive 140 minutos con la musa que lo eligió. Espero que no lo suelte por un buen rato.

Calificación: 5/5

Por: Edwin Cruz