Dólares de Arena

Estacionarios extranjeros en un desigual paraíso caribeño. Cazadores furtivos de compañías estériles. Un amor condenado al fracaso. Y nuestro blues-la bachata, no la adocenada- como universo sonoro, hacen de Dólares de Arena una experiencia inolvidable y auténtica en el cine dominicano.

 Laura Amelia e Israel Cárdenas salen bien parados de su aventura por un filme más accesible. Menos silente, sin perder el respiro y el espacio para la reflexión. Lograr una actuación contenida y sentida de la huracánica Geraldine Chaplin es un mérito notable. Máxime la envergadura de su figura.

 Sin embargo la obra no es  perfecta: acciones que emprende en la parte final la musa de la Chaplin en el filme, Yanet Mojica, los hace caer gratuitamente en convencionalismos nada aconsejables. La química de la pareja Ricardo Ariel Toribio y Yanet se pierde por momentos. Desde mi óptica, hacía falta más fuego en la relación para hacer verosímil el desenlace. Aún con estos peldaños accidentados, este resulta un trabajo digno, de alta factura. La calidez fotográfica de Jaime Guerra e Israel Cárdenas, ofrece un bello contraste a la azulada e imposible conjunción de las ninfas. Demás resaltar que el montaje estructurado por  el multifacético Israel junto a Andrea Kleinman es dinámico y perfecto complemento de la trama intimista.

 Película de transición en sus carreras. Laura e Israel son talentosos. Trabajan por el arte. Esa es la clave. Por eso siguen en gran nivel. Por eso sacan la cara por el cine que debe prevalecer. Por eso son hasta ahora, los mejores de la clase de estos más de 48,000 kilómetros cuadrados de cine.

Puntuación: 3.5/ 5

Por: Edwin Cruz